La
ciudadela interior
Pierre Hadot
Prólogo de Arnold
I.Davinson
( Tradución de María
Cucurella Miquel)
Barcelona : Alpha decay,
2013
Escrito por Luis Roca Jusmet
En el imaginario
cinematográfico de mi generación, Marco Aurelio era el gran actor
inglés Alec Guinnes, uno de los protagonistas de La caída del
Imperio Romano. En el imaginario
de nuestros jóvenes es otro gran actor, igualmente inglés, Richard
Harris, en Gladiator.
Siempre la misma imagen, la del emperador-sabio que sucumbe frente al
hijo perverso. Marco Aurelio es, para Erasmo de Rotterdam en su
Elogio de la locura, el
ejemplo del desastre al que conduce el filósofo-rey de Platón. No
sabemos si hay que entender irónicamente o literalmente el elogio a
la sinrazón de uno de los precursores de la racionalidad moderna y
como hay que interpretar este juicio sobre Marco Aurelio. El lúcido
y amargo Cioran, finalmente, nos dice en uno de sus aforismos que
prefiere el escepticismo de un Emperador ( Marco Aurelio) que las
propuestas de un soñador ( Nietzsche). Muchos han sido los análisis
del que quizás fue el único Emperador-filósofo: Marco Aurelio. Nos
llega con este libro un estudio sobre sus meditaciones, en el
contexto de la época y del escritor, que serán dificilmente no ya
superadas sino tan siquiera igualadas. El autor, uno de los grandes
filósofos franceses del último tercio del siglo XX: Pierre Hadot.
Pierre Hadot nació en
1922 y murió en 1920. Es un estudioso excepcional de la filosofía
antigua que ha defendido que hay que entenderla no como un discurso
sino como una forma de vida. La teoría se justifica por una
práctica. Hay que saber pensar para poder pensar bien. Hay que saber
actuar para poder actuar bien. La palabra que Hadot considera más
adecuada para esta comprensión de la la filosofía era la de
ejercicio espiritual. Sin connotaciones religiosas, ni tan solo
espiritualistas, la filosofía se entiende así como una
transformación interna profunda y global, no solo como un ejercicio
intelectual. En este sentido hubo una proximidad en su última etapa
con Michel Foucault, cuya prematura muerte impidió un debate que sin
lugar a dudas hubiera sido apasionante y fecundo.
Lo primero que hay que
saber para entender un texto es cual es la intención y a partir de
aquí ver como podemos actualizarlo.Para Hadot está claro : la
meditaciones petenece al género de lo que los antiguos llamaban
hyponnemata, que quiere decir
escribirse o hablarse a uno mismo. Nos podemos preguntar para que
escribe uno para sí mismo. Los diarios pueden servir como un
ejercicio estilístico o como una forma de autoconocimiento. Pero no
es éste el sentido del que hablamos. De lo que se trataba es de
escribir unos dogmas, los propios de la escuela estoica, para
recordarlos de manera permanente, para tenerlos siempre presente.
Como una especie de guía práctica que Marco Aurelio escribía para
sí mismo, pero siempre desde la escuela a la que pertenecía, el
estoicismo. No se trata de ser original ( no hay que crear conceptos,
como decía Deleuze) sino de vincularse a una tradición. Esta
tradición tiene unos fundadores, que son Zenón y Crisipo, el siglo
III A.C. En Atenas. Su lema : vivir de acuerdo con uno mismo, de una
manera coherente. Pero este uno mismo
no es el yo singular, sino la Razón Universal. Hay unas reglas
establecidas, unos dogmas que hay que aceptar, que son los de la
escuela a la que se pertenece: el estoicismo. Lo que cambia de un
filósofo a otro es el estilo personal, la manera de enseñar o la
presentación de la doctrina. El estoicismo nace como fusión de la
ética socrática, ka física heraclitiana y la argumentación
aristotélica. Parte de la Unidad de todas las cosas marcadas por una
Lógica ordenadora. El filósofo aspira a la perfección moral, a la
sabiduría. Quiere hacer siempre lo más verosímil y lo más
correcto. El discursos teórico sirve para orientar la acción porque
su finalidad es práctica.